sábado, 14 de agosto de 2010

Nostalgia Parte 4

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Me prometí no llorar, pero qué débil soy. Estoy parada frente la puerta, aquel pedazo de madera opaca, desgastada, antigua y fría. Llueve torrencialmente en la ciudad y como de costumbre no llevo mi paraguas. El agua parece caer como baldes sobre mi cabeza. Cierro los ojos, las gotas se deslizan por mi pelo, por mi rostro, mis ojos, mi nariz, mi boca, y luego caen. Perdiéndose.

Mi mano se acerca a la puerta, tiemblo a causa del frío. Lentamente la toco, me apoyo sobre la madera y bajo mi cabeza fijando mi vista en el suelo. Es difícil respirar. Mis lágrima se mezclan con las gotas de lluvia, mis gritos se pierden con el sonido de los truenos, mi corazón se cae a pedazos…. Cubriéndose de lluvia.

Tan sólo un golpe, la última despedida. Escucho risas en el interior de la casa, y reconozco tu voz. Pareces tan alegre, tan contenta, pareces tan ajena a todo mi dolor. Pienso en llamar, que salgas a recibirme, pienso en tu cara de asombro y enseguida tus brazos atrapando mi frágil cuerpo. Pienso en el calor de tus caricias, la ternura de tus besos, tu voz seductora que sólo me haría caer del deseo. Deseo de que todo siga así, de que no me sueltes jamás, de mantenerme a tu lado hasta sentir aquella seguridad que alguna vez logré sentir.

Pero no. Ya no. Me deslizo por la puerta hasta arrodillarme en el suelo. Mi ropa totalmente empapada y mis piernas sin sentirlas por el frío me ruegan huir de allí antes que sea demasiado tarde. Lástima. Hace mucho tiempo que anocheció…

Me quedo en silencio, todo se pierde a mí alrededor. Y te escucho, te escucho por última vez. Tu voz tan clara, tan nítida parece devorar la mía, tan débil, y desapareciendo, lentamente.

Reúno fuerzas y me largo del lugar. Sin golpear, sin llamar. Sin despedirme, por última vez.









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