sábado, 14 de agosto de 2010

Nostalgia Parte 2

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¿Dónde? ¿Aquí? ¿Allá?

Explícame. Siéntate frente a mí y dame nuevos motivos. Pues sin ellos, no existo. ¿Cómo es posible? ¿Esto me está pasando a mí? "No" - respondes, con la misma voz que alguna vez logró hacerme caer. "No está pasando, ya pasó". Es increible cómo diciendo aquello tan terrible, tan atroz, me parezcas la persona más hermosa de este mundo. Tus ojos grandes, de un color suave, precioso, me miran de un modo que no sé decifrar. Tu piel lisa, blanca, tus labios grandes de un rosa palido me invitan a devorarlos. Pero no, ya no. Aquellos labios, boca perfecta que en algún momento me enamoró, hoy es otra. No es la mía, ni es la tuya, es de alguien más. Me miras sin siquiera fijar tu vista en mí. ¿Te averguenza verme llorar? ¿O aún más hacerme sufrir? "No eres tú, no es tu culpa, soy yo" - repetías sin parar, como si yo no entendiera, como si el amor me hubiese vuelto tonta. Dios... que palabra más horrible cuando se habla de amor. Maldito sentimiento, sensaciones desagradables. No sabes qué te hace llorar más, que él te deje, o lo haga el amor. Desilución. Caminabas por la calle riendo de todo, recordando momentos bellos, te avergonzaba pensar incluso en los besos, los abrazos, las caricias. Te sentías tímida, vulnerable, fragil, pequeña... tan pequeña... pero rodeada por aquellos brazos protectores. Y de pronto ¡Bah! te soltó. De pronto ¡Bah!... tan pequeña en un mundo de gigantes. Sola, perdida, más sola aún, triste y muriéndote... muy lentamente. Dolor fuerte, que cada vez se vuelve peor. Te duele el pecho, el corazón ejerce demasiada presión, late con fuerza, con imprudencia, la respiración se vuelve dificultosa, se seca tu boca, te tiemblan las manos, las piernas, el cuerpo. Tus ojos duelen, no deseas llorar, aguantas, Dios.. ¿Cuánto más se puede aguantar así? "No lo digas, no sigas, no hables más" - piensas, mientras deseas quedar sorda. Todo gira a tu alrededor. Otra vez tan pequeña, en aquel lugar tan enorme. Y todo vacío. Sientes los latidos de tu corazón retumbar en tu cabeza. Un, dos, tres. ¿Acaso estallará? Hasta que por fin, lo recuerdas. Ahí está él, frente a ti, mirándote con esos ojos tan suyos, llenos de lástima. Te sientes patética. Lo miras, con esos ojos tan tuyos, y él lo siente. Una mirada basta, con las lágrimas a punto de salir, y él lo nota. Te está destrozando. "Perdón" es todo lo que escuchas. ¿Qué demonios debes perdonar? No hizo nada malo, tú menos. Pero lo necesitas. Te desespera necesitar excusas, razones, respuestas, lamentos, disculpas, lo necesitas mucho, sólo eso quieres escuchar, y luego de haberlo oído todo saber que nada sirve. El dolor no se irá. Tus manos empuñadas, tus uñas sobre tu piel, ruegas por no demostrar esa pena, la angustia que te come por dentro. Qué ilusa. Tus ojos parecen espejos, tu rostro un cartel de neón que anuncia que aquel corazón en cualquier momento estallará. Silencio. Incómodo, eterno, tortuoso. Quieres decir tanto mas de tu boca no sale palabra alguna. Lo sabes, ya nada cambiará. No, mal dicho. Ya todo cambio. Demasiado. Te levantas del asiento y tomas tus pertenencias, y cuando estás a punto de cruzar el umbral de la puerta, te detienes. Cierras los ojos y las lágrimas ruedan por tus mejillas. Sientes un leve alivio. No por llorar, sino porque él ya no mira. Porque para él, ya no existes.


La noche fría, una neblina espesa cubre la ciudad. Suaves ráfagas de viento mecen las copas de los árboles, mueven las hojas del pavimento, pasan a tu lado y luego se van. Como todo. Sacas tu paraguas y comienzas a caminar.


La noche es larga. Y aún queda mucho por recorrer...









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