sábado, 14 de agosto de 2010

Nostalgia Parte 3

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- Repítelo
- No
- Hazlo
- Dije que no
- ¡Vuelve a decirlo mierda!
- Me voy
- ¡Te he dicho que lo digas!
- Te dejo
- ¿Por qué?
- Ya lo sabes
- Dilo nuevamente, mírame, sí, ve mis ojos, mírame llorar. Siente lo que siento, anda, pon tu mano en mi corazón, hazlo, no te preocupes que será la última vez que me tocarás… - Tomó el delgado brazo de aquella mujer y la atrajo a su cuerpo. Con una fuerza desmedida colocó la mano de ella sobre su pecho y vio cómo ésta volteó el rostro. Su vista se fijó en el suelo. Fría, ajena, perdida. - Siéntelo, escucha como late desesperadamente, escucha pues será la última vez que esta basura siga moviéndose por ti. Y recuerda, por sobre todas las cosas, que el único hombre que te amo de verdad se acaba de humillar ante ti.



Diciendo esto soltó la muñeca de la joven y con delicadeza, posó una mano sobre su rostro. Acarició la piel tersa y blanquecina de la muchacha, mientras ella, con los ojos cerrados, disfrutaba de aquel momento. Se acercó aún más a ella, y cerrando los ojos juntó la punta de su nariz con la de ella. La rozo, sintiendo ese aroma que tanto la caracterizaba. Sus labios parecían bailar sobre los de ella, se tentaban mutuamente, pero a diferencia de otras veces, aquella tentación no era sino la despedida. No había erotismo en aquellas caricias, sino una dulzura agonizante. Un placer oculto en tanto dolor. Las manos de él se mezclaron en el cabello de la mujer, y bajaron lento, despacio, hasta llegar a su cuello. Se detuvo ahí. Suspiró mientras que con los dedos ejercía gran presión, asfixiándola. Ella cerró los ojos, dolía, molestaba, desesperaba. Sus manos fueron instantáneamente a las de él, pero sin detenerlo, sólo reflejos. Su pecho subía y bajaba a la velocidad de la luz. De pronto, la soltó.



- ¿Podrías morir en mis manos sin hacer nada?
- ¿Podrías matarme con tus manos sin sentir nada?


Se miraron por última vez. Sin siquiera pestañar mantuvieron las miradas por lo que parecieron horas. Dos corazones colgando de un hilo. Hasta que el hilo, finalmente, se rompió.


- Adiós









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