.
Empieza lento, delicado, sublime, garbo. Los sonidos se mezclan hasta fundirse en su máximo esplendor. Las teclas se atropellan unas con otras, como animales persiguiéndose la cola tras una persecución. De la sumisión del sonido llegamos rápidamente a los sentimientos tormentosos, despiadados, tortuosos. Una ira descontrolada, como la furia del animal por instinto. Todo se torna muy rápido, muy acelerado. Esa misma fluidez ahora se marca con sonidos intensos, fuertes, como queriendo traspasar las teclas con nuestras manos. La sangre empieza a correr por nuestras venas, como dándose prisa para llegar a la meta. Y cuando todo parece una olla a presión a punto de explotar, el sonido baja lentamente, otra vez, hasta la sutileza de rozar nuestros oídos, de acariciarnos la piel. Los latidos del corazón también bajan, las manos ahora se deslizan, cansadas, sobre las teclas. Y comienza ese sonido triste, mortuorio, casi siniestro. Como una pelea recién acabada, como un animal recogiendo su cuerpo, adoptando una posición fetal. O muy tranquilo o muy asustado.
La tormenta se acaba, sólo dejando algunas gotas de agua caer.
Hasta terminar sólo con la imagen del pavimento mojado, las calles vacías, de un silencio pétreo dominando esa fría noche.
Una fría noche…
Sol (#)
miércoles, 2 de febrero de 2011
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)



