martes, 21 de diciembre de 2010

Cenicienta

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La fiesta recién comenzaba. Julie se hallaba sentada en una de las tantas mesas. Jugaba con la copa de vino, la tercera que tomaba. Miraba sin pestañear la pista de baile. Rodrigo se hallaba allí, y como de costumbre, bailaba con otra chica. Era un tipo apuesto; alto, delgado, su piel era blanca, su cabello oscuro y sus ojos verdes. Reía despreocupadamente, mientras intentaba conquistar a la chica que tenía a su lado. Ella era normal. Demasiado como para querer detallar.

Julie miraba a la pareja sin perderse ningún detalle. Los gestos de Rodrigo, la expresión de su rostro, cada uno de sus movimientos. Él abrazaba a la chica por la cintura, se acercaba cada vez más a sus labios, pero no lo conseguía. Aunque Julie lo sabía, era cosa de segundos. De pronto escuchó sonar su celular.

- Hola Gabriel – Dice ella.
- ¿Cómo está mi chica preferida?
- Como era de suponer
- ¿Muy aburrida?
- Algo así
- Deberías soltar de una vez por todas esa copa de vino, con alcohol eres peligrosa – Dijo el chico, riendo.
- Maldito chistoso, y tú… ¿Cómo sabes que tomo vino?
- Porque te imagino, te imagino a cada segundo. Te veo ahí con tu polera ajustada y esos pantalones de cuero negro que me gustan tanto. Tu pelo suelto cayendo seductoramente sobre tu rostro y tus manos balancear la copa de vino, la tercera sino me equivoco – Julie sonrió mientras miraba hacia todos lados - Seguramente has estado jugando con tus dedos un buen rato, te miras las uñas y piensas “diablos, debí pintarlas”, pero ya es tarde, porque no te queda nada mejor que hacer que mirar a tu ex novio bailar con otra chica
- ¿Dónde estás Gabriel?
- De pronto te levantas de la silla con un movimiento exquisito, preguntándote donde estoy, buscándome en cada rincón. ¿Acaso Dios ha oído tus plegarias? ¿Acaso tu ángel Gabriel vino a salvarte? Y entonces, de repente, la multitud se aparta. – Julie lo ve de pie junto a una mesa, con el teléfono en la mano – Y ahí está él, elegante, con ese estilo tan particular, radiante de carisma y curiosamente está al teléfono. Pero en fin, tu también.


Gabriel se acerca a Julie, la toma de la cintura y comienza a moverse lentamente. Ella, sin entender del todo la situación, sigue sus movimientos. Gabriel le susurra el oído.


- Y este apuesto joven que en estos momentos te abraza, no logra disimular lo homosexual que es, como lo son la mayoría de los hombres solteros a esa edad, te entregas a él y piensas “Que mierda, la vida sigue. Mejor pasarla bien” – Julie sonrió mientras sus ojos se llenaron de lágrimas. Gabriel logró atrapar una con la punta de sus dedos – Quizás no habrá besos, mejor ni hablar de sexo, pero nadie nos quitara esto. Te amo, soy tu mejor amigo, y siempre estaré para salvarte.


Entraron lentamente a la pista de baile. Bailaron, rieron, disfrutaron de la compañía del otro. Y por primera vez Julie no volvió a pensar en Rodrigo.





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