*
En la oscuridad de mi habitación. Mi cuerpo sobre la cama; inerte, indolente. Cierro los ojos y aparecen figuras, formas que cobran sentido con el pasar de los minutos.
Estoy al borde de un precipicio, tan al borde que de pronto pienso en saltar. Tan al borde que mi cuerpo se tambalea. Mis músculos terminan aflojando, ceden poco a poco. Insegura, intento apoyar mis pies descalzos cerca de la orilla. Inestable, se siente frió, áspero, levemente empinado.
Estiro mis brazos a cada lado de mi cuerpo; quiero volar. El viento choca con fuerza contra mi cara; revuelve mis cabellos mezclándolos unos con otros, obstruyendo (me). Mantengo los ojos cerrados; inspiro con dificultad, expiro tranquila, serena.
Mi corazón se acelera; imprudente, se agita hasta sentirlo en mis oídos. Comienzo a sentir el sabor amargo en mi boca. Sabor a cigarrillo, seca mis labios.
Aleteo con los brazos extendidos. Inspirar se vuelve doloroso, el frío hiere los orificios de mi nariz. El aire sale de mi boca, mientras una o dos lágrimas resbalan por mis mejillas. Mis manos tiemblan; pero mis manos siempre tiemblan.
En un instante, todo se mueve. Y las luces de colores se revuelcan como dos cuerpos entre las sábanas; las voces se vuelven fuertes, muy fuertes y cada vez más fuerte que no (te) escucho más; interferencia de emociones; corte. Hago cortocircuito.
Cuento hasta tres. Uno, dos, tres.
Mi cuerpo choca contra el pavimento.
Despierto.
*
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)




No hay comentarios:
Publicar un comentario