*
Y por un momento todas las ilusiones se vinieron abajo. Y la chica sufrió. Una lágrima se asomaba por el rabillo del ojo, el mentón le temblaba por controlar el llanto; y una pena. El dolor de su corazón. Intentó desviar la vista; ignorar de ese modo al sentimiento absurdo que la invadía. Ignorar la situación hasta llegar al punto de ignorarlo a él. Que todo pareciera una fotografía que perdió su enfoque, una imagen borrosa que con el tiempo se convertiría en un recuerdo distante. Pero la boca se le secaba, el nudo en la garganta crecía con los minutos. Y nuevamente se escapaba otra lágrima que ocultaba con movimientos tiernos. Sonreía, disfrazando aquel dolor sin nombre. Así lo llamó, más tarde. El dolor no reconocido, que nunca nadie se atrevió ni quiso identificar. Fue la joven perdida. Y de pronto, quizás, pensó que aquella escena era el resumen de su vida: el castillo de arena se desmoronaba con el viento. ¡Y cómo cuesta volver a juntar tantos granitos!, pensó. Sin embargo, lo más difícil sería juntar las ilusiones; juntarse ella. Cuando el desamor te destruye en mil pedazos.
*
sábado, 16 de julio de 2011
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)




No hay comentarios:
Publicar un comentario